El Valle de Yosemite

No sabemos que pasa, pero cada que planeamos nuestro siguiente recorrido terminamos andando tanto, tanto más de lo que creíamos. De hecho ya tenemos un nuevo medidor de tiempo familiar para carreteras, la fórmula es aplicarle 3 horas promedio al tiempo que el GPS nos dice nos demoraremos, de esta manera no hay angustia ni afán.

Nuestra siguiente parada era Yosemite,  un parque que sólo su nombre ya generaba desde hace muchos años algo en mi espíritu de aventurera, varias noches en Suesca (casita del Rodro) soñé con conocer el Disney de los escaladores, viendo diapositivas de las rocas y escuchando las experiencias de otros en éste parque, experiencias que en algún momento cuestionaron mi vida al punto de querer dejar todo y salir a caminar el mundo, a hacerle un pegue a mas de una ruta y terminar mi vida sin mucho en el bolsillo pero con el alma y el espíritu lleno de experiencias.

Una vista completa del famoso valle de Yosemite, que merece su fama sin lugar a dudas.

Por fin había llegado el momento de conocer El Capitán, el Half dome, el campamento 4 donde duermen todos los escaladores que se cuelan para poder estar más de 14 días pegados a las rocas (Por norma de los parques, no se puede visitar un parque más de 14 días en el año). El paisaje muy diferente sin dejar de ser espectacular, lo primero Glacier Point lleno de carros parqueados nos hizo suponer que algo muy interesante se podía ver desde ahí, claramente la vista más espectacular e inspiradora que haya existido.

El Capitán es imponente,  una placa de roca de un tamaño descomunal, agua prístina, pinos enormes una muestra fehaciente de lo que sólo la naturaleza puede lograr.

Comenzamos a bajar y para entrar al parque y esperábamos encontrar las filas monumentales que nos habían advertido, estratégicamente entramos por una entrada poco concurrida y bien cercana a nuestro campamento. Al llegar a la vía principal del Valle nos encontramos con muchos carros, sin embargo había un ambiente calmado y ordenado. En los bordes de la carretera se permitía parar a mirar el Capitán y las grandes cascadas lo cual fue imposible resistir ya que son imponentes y no era posible parar de mirar hacia arriba.

Luego de una corta vuelta por el valle nos dirigimos a nuestro nuevo campamento. Al llegar quedamos sorprendidos con la precariedad del sitio que nos designaron. Nos tomo unos 20 minutos de mover mesas y adecuaciones poder tener un espacio aceptable para armar la carpa y poder cocinar en la mesa sin que las cosas rodaran por sus 20 grados de inclinación inicial.

En ese momento pasó una guarda parques y claramente yo chuzé a Luis para que pusiera la queja, queja a la cual la guarda parques respondió muy extrañada, que no entendía ya que el parque vivía full todo el año y nadie nunca había expresado algún descontento.

Luego entendí que veníamos de un paraíso, resulto que el campamento 124 de Sequoia es uno de los campamentos mas codiciados por su belleza, nuestro vecino de carpa en Yosemite no podía creer que nosotros hubiéramos dormido ahí, cuando el llevaba 13 años tratando de reservarlo y nunca había podido. Esto explicaba nuestra inconformidad con el campamento que nos asignaron. Esto me sirvió para saber que de acá de adelante nuestras expectativas en cuanto a comodidad y dormida no serían iguales en todo el viaje.

Al día siguiente tratamos de resolver nuestra estadía de alguna forma, ya que sólo teníamos una noche reservada y no hubo posibilidad alguna de encontrar legalmente un espacio donde acampar, ni donde parquear nuestro carrito para poder estar 2 noches en Yosemite. Fuimos al campamento 4 (el de los escaladores), y déjenme decirles que a estas alturas ya no quisimos buscarle el quiebre a lo que no era posible legalmente.

Así que nos resignamos y salimos a aprovechar el día con todo nuestro equipo en el carro, las caminatas fueron las más turísticas, lo que siempre soñé disfrutar de éste parque fue totalmente diferente.

Un arnés de escalada, unos gatos, magnesio en mis manos quedaron en los sueños de hace 10 años, la roca del Capitán la toque en el Centro de visitantes, tenían un pedazo de la roca donde explicaban al turismo que era granito y hasta la dejaban tocar para que supiéramos lo que se sentía. A los escaladores los vimos por unos binóculos de moneda y almorzamos en el restaurante del parque una hamburguesa a petición de las niñas.

Fuimos los más turistas del mundo cuando solíamos ser los súper héroes de los turistas, ahora éramos los súper héroes de nuestras niñas y para ellas cumplimos absolutamente todas las expectativas. Fueron felices en el campamento, su papá logro arreglarles un campamento cómodo, sintieron el agua de las cascadas en sus caras y pudieron admirar el parque a su forma, se cansaron y logramos entender que ya era hora de salir hacia un mejor destino para  ellas, algo más cómodo y con mayor atractivo a pesar de nuestro gusto por las rocas.

Créanme que esto no es fácil, aceptar y disfrutar el cambio de planes que la vida trae cuando tenemos hijos es todo un proceso. Para mi requiere valentía pisar el lugar de los sueños sabiendo que ya no tenemos las condiciones físicas ni la logística para que todo sea como hace 10 años, el secreto… disfrutar como lo tenemos y admirar cada posibilidad en el momento que se presenta.

 

Salimos de Yosemite con mucho silencio en el carro, aunque Luis no me dijo nada acerca del tema, se que el también pensó lo que acabo de escribir, el sentimiento es más que personal, creo que en cualquier ámbito todos hemos sentido algo parecido.

No sabíamos a donde íbamos, queríamos algo tranquilo y mas cómodo para la familia con la gran sorpresa que nos encontraríamos un excelente campamento.

En el medio de la nada, al final de una carretera polvorienta había un espacio esperándonos, con un río que venía de Yosemite (helado y con mucha corriente), donde bajaban balsas de rafting y en la orilla tenía una playa de arena que las niñas disfrutaron como nunca, en este bello lugar había una cajita en un poste que decía que para pasar la noche debíamos depositar 10 dolares, cosa muy extraña pero que cumplimos inmediatamente, parecía una película de Tarantino.

A mi me dio como miedo y pensé que esto era extraño, un campamento al final de una carretera, sin guarda parques, sin cajero y tan solo, podría ser peligroso. Sin embargo Luis pensó lógicamente y me mostro la cajita llena de plata y otro campamento que a pesar de tener todo armado no tenía dueños y ahí seguían sus cosas, no porque los hubieran raptado sino porque estaban muy seguramente caminando y acá nadie esta interesado en robarle al vecino o ver de que manerale hace daño. Me tomo un par de horas tranquilizarme, pero cuando vi llegar a las dueñas del campamento me sorprendí, eran 2 mujeres que andaban solas de camping y que efectivamente andaban de plan por ahí montando en bicicleta y lo único que les preocupaba era ver en donde se divertían el próximo día, asi que me contagié de la frescura de la gente de acá y sin dudarlo después de 6 días de bañarme como gato caí en el río sin importar el frío.

Después de una noche ya estábamos listos y limpios para continuar nuestro camino, hubiera podido pasar una noche más acá al lado de las montañas con la noche estrellada pero era hora de continuar hacia el pacífico.

 

Yosemite Falls

 

 

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