Rumbo hacia la civilización

Continuamos por la ruta 1 (Big Sur) recorriendo cada vez mas costa y acantilados que muy pronto tendrían competencia en su majestuosidad, los grandes bosques de Redwood famosos en la vía aparecieron, altos tupidos y tan bellos que encajan perfectamente en el paisaje costero bastante diferente al nuestro.
Íbamos camino a Monterey, a ver el acuario más importante de la zona. Un poco de civilización nos tenía contentos y el plan del acuario divertía cantidades a las niñas. Aunque estar en parques, dormir en la carpa y ver animales silvestres fuera plan, el hecho de entrar a un recinto con actividades especificas y tiendas donde vendan muñequitos, también les atrae y las acerca un poco a lo que han dejado atrás por estos días.

Paramos en un parque asociado a donde pasamos la noche para almorzar ya que podíamos entrar sin pagar entrada adicional.
Estar al aire libre por tiempo prolongado es un reto bastante grande para niños que están acostumbrados a la ciudad y a veranear en fincas que cuentan con comodidades así sean mínimas (pero son comodidades), el hecho de no saber hacia donde vamos, donde terminaremos el día, donde dormiremos genera en momentos ansiedad. Es importante tener un punto de anclaje, en nuestro viaje el carro casa o “Lady Bug” como las niñas le pusieron brinda parcialmente esta ancla.
Para mi también ha sido duro, a estas alturas tenía un poco de nostalgia y sentía que algo se me había quedado, nunca supe que, pero me sentía incompleta, a veces con tristeza inexplicable.
Tratamos de entrar a alguno de los múltiples parques para pasar la noche y descansar un poco para madrugar al acuario y poder sacar el mejor provecho del día siguiente, sin embargo todos estaba llenos, para nuestra sorpresa la cantidad de campistas es éste país supera lo que imaginábamos y sabíamos, es increíble los cientos de personas que salen en éste plan, algunos campistas al estilo mansión al aire libre con todos los juguetes y más, otros no tan exagerados. Durante nuestro viaje hemos visto con agrado que las personas de este país viajan de esta forma sin importar su origen o su nivel económico, es general es disfrute de muchos estar al aire libre y muchas familias saliendo juntas.
Sin embargo, en ésta ocasión no era agradable ver tanta gente ocupando absolutamente todos los espacios de los parques.
Decidimos llegar hasta Monterey y dormir en un hotel, durante el camino añoraba llegar a la ducha, realmente es lo único que hemos extrañado(mujeres). Ante semejante noticia las niñas enloquecieron de la emoción, ya hacían planes de la cama, la tina y demás.

En el camino vimos un aviso de un parque llamado Point Lobos, ante esto giramos inmediatamente esperando ver focas y leones marinos, sin embargo ya era bastante tarde y seguramente no podríamos entrar. El guarda parques, nos anticipo que en 15 minutos cerrarían el parque  no valía la pena pagar el costo de la entrada por tan poco tiempo, no sé de donde Luis saco el negociante (esa soy yo) y pago menos de la mitad por entrar a lo que estaríamos por presenciar.
Es una belleza de parque, su mayor atracción los acantilados y la diversidad de mamíferos marinos más impresionante, este día vimos leones marinos, lobos, focas, nutrias y un bebe de león marino que tuve a menos de un metro de mi.
Este animal nos enseño a todos y sobre todo a las niñas la obediencia de un cachorro que quiere sobrevivir, su mamá lo dejo en la playa en un lugar seguro mientras ella se alimentaba y por mas que el lloraba no se movía ni un milímetro de donde estaba, después sabríamos que su mamá regresaría por el. Mientras tanto Lolita lloraba amargamente pensando que a la mamá se la había comido una orca, cosa que le pasaría al bebe si se movía de ese lugar.
Finalizamos nuestra visita mirando venados con sus bebes y con un policía que estaba multando a todos los que no había abandonado el parque a la hora exacta de salida. Nos salvamos de la multa de milagro, fue Mía la que con una sonrisa y una pregunta del cachorro en la playa nos salvo, creo que el policía pensó que éramos unos desubicados turistas enamorados de la belleza de los animales y fue incapaz tan siquiera de decirnos que saliéramos ya.

Cada que tenemos un norte fijo, algo se atraviesa y nunca logramos llegar a la hora esperada, sin embargo nos hemos relajado, realmente nadie ni nada nos espera, el carro esta completico y lo mas que tenemos que hacer es preparar la comida y decidir que queremos conocer.
Buscamos bastante un hotel de buen precio, pero realmente en Monterey nada es muy económico, estábamos tan cansados que no buscamos mucho terminamos en un hotel bueno bastante caro, que cuando convertí los dólares a pesos casi me da un infarto.
No se puede olvidar que no es sólo la noche de hotel, a estas alturas cuando el viaje durará 1 mes y 30 días más, hay que ser cauteloso con los gastos y no excederse. Los gastos mas fuertes se hacen antes de salir de viaje y durante el viaje la gasolina es otro rubro importante.

Comimos buenísimo en la noche y nos bañamos hasta quedar muy limpios, las niñas durmieron como angelitos pero el dolor de espalda al otro día fue terrible, nuestras espaldas ya acostumbradas a la comodidad de nuestros aislantes (Thermarest inflables) no soportaron el colchón blandito del hotel.
Rumbo al acuario paseamos por la bahía de Monterey, bastante pintoresca y linda. El acuario fue una excelente experiencia para todos y las niñas pudieron tocar rayas marinas y aprender acerca de la conservación de los océanos. De aquí saldríamos rumbo a más civilización San Francisco, la ciudad nos esperaba y también la casa de unos familiares que amablemente recibirían a la prole hippie.

 

 

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