Adentrándonos en la civilización

Algo que he ido descubriendo en nuestro andar, es que las ciudades aunque nos brindan comodidad y nos dan algo de alegría , realmente no nos aportan muchas enseñanzas o momentos que cautiven nuestras vidas. Es bien difícil escribir acerca de nuestro viaje y contar anécdotas cuando hemos pasado unos días en la gran ciudad.

San francisco, una ciudad muy bella, calles de película, empinadas, flores y dos grandes puentes.  Realmente linda, enamoradora, un buen lugar para visitar en pareja. Otra cosa que reforzamos es nuestra creencia de que los niños no son tan felices en la ciudad, el campo les aporta libertad, esparcimiento, enseñanza, posibilidades de ser.
Nos recibieron unos familiares muy queridos, en Palo Alto pudimos estar en familia unos días que fueron muy especiales para las niñas,  compartieron en la casa con los niños y sus juguetes .

Nunca quisieron salir de la casa, realmente encontraron un espacio para estar tranquilas y disfrutar de sus muñecas compartiendo con sus nuevos primos. Por eso les digo que las grandes ciudades no aportan tanto a sus vidas, su elección en estos días era clara, la casa con sus integrantes para compartir un cálido momento.
Los desplazamientos  desde los pueblos de los alrededores para ir a San Francisco son enormes y a estas alturas ya comenzamos a contar millas, nuestro viaje es muy largo y pasadas las 5000 millas tendríamos que pagar adicional. Las distancias para ir al trabajo han hecho que las personas trabajen en telecommuting, forma perfecta para mi manera de ver la vida.
Trabajan en sus casas, comparten con sus hijos, comen en familia y responden por su trabajo con igual responsabilidad que lo hacen con su hogar. El balance perfecto para todos en casa, a veces complicado y requiere de algo de foco y mayor capacidad de concentración sin embargo los resultados se ven en todos los aspectos, baja huella ambiental (no uso de carro), acompañamiento a sus hijos, economía familiar.
Cada vez mas gente trabaja de esta manera en USA, forma que a muchos encanta a otros no, pero como en todo es una posibilidad más para encontrar el balance en las vidas de las personas, a Mi me parece perfecto!!

Pasamos nuestro día en San francisco, con algo de lluvia pero bien, la lluvia no es una excusa para no salir, una buena chaqueta impermeable, unos pantalones impermeables y un paraguas ultraliviano hacen la diferencia. Este era parte de nuestro equipo de carretera un sistema de capas completo para cualquier clima o momento.

Pasamos por todos los rincones de la ciudad en nuestro fiel compañero, las niñas no muy interesadas jugaban en la parte trasera del carro, Luis y yo sin embargo nos admirábamos de lo bonita que es la ciudad, una combinación entre lo moderno y lo histórico, el tranvía, el mar y el fondo de paisaje de película que  hemos visto en miles de películas. Alcatraz , bien cercano a la orilla y un poco diferente a lo que vi en la película, se confunde con la bruma del pacífico y a la izquierda el famoso Golden Gate.

Llego el momento de decir adiós a esta bella ciudad y ya nuestro espíritu necesitaba más, más monte.

Recolectamos unos cuantos mapas y salimos para Napa, en busca de vino y más vino. esta vez el Golden Gate nos daba algo más que una buena vista, nos conectaba con el resto del país. Después de unas cuantas horas y cientos de viñedos a lado y lado de la carretera con casas espectaculares, encontramos el letrero que nos anunciaba nuestra llegada al  valle del elixir .
Buscamos nuestro campamento  y en la mitad de la ciudad apareció lo que el propietario anunciaba y decía con orgullo un campamento wilderness (salvaje, silvestre), no era más que una cancha de futbol en la mitad de la ciudad con un fondo de sonido de autopista que nunca se dejo desonar, nada salvaje, ni nada silvestre, me sentí acampando en la cancha del colegio en Cali.
El hombre definitivamente estaba un poco confundido, le pedimos recomendaciones de viñedos y su respuesta fue que no tomaba licor así que para el

cualquier viñedo era igual, con fotos de pumas acostados en el pasto pegados por todo lado y una pinta de cocodrilo dundee de ciudad bien desubicada, jeje.
Sin embargo nos brindó algo que por nuestro país no hubiéramos encontrado, un espacio cómodo y seguro para acampar en la mitad de una de las ciudades más visitadas por los amantes de vino.

Pasamos la noche y al siguiente partimos rumbo a los viñedos que en San francisco nos habían recomendado. Ya advertidos del costo del wine testing, sabíamos que aunque quisiéramos  entrar a muchos no podíamos probar cuanta cosa se nos ocurriera, resulta que acá las catas de vino no son gratis ni siquiera para los clientes, es un negocio redondito en el cual uno paga USD 20 por la probadita de 5 tipos de vino (la cantidad, lo que cabe en una copa de aguardiente sencillo).
En el primer viñedo nos vacunaron, y ahí se quedaron los primeros veinte dolarertes, más malgastados que quien sabe que. Unos vinos más bien asidongos nada que ver, si queríamos vinos de la reserva teníamos que pagar aun más, así que la cata siempre sería de vinos jóvenes.
Con esta enseñanza resumimos un poco nuestras visitas y nos enfocamos en el almuerzo, en comprar una botella de vino completa que vale lo mismo que el testing y sentarnos en el prado a hacer un picnic con buenos quesos jamones y nuestra botella de vino.

Así fue, entramos al lugar donde todo el mudo compra lo que acabo de describir, las filas  eran increíbles, la comida se veía espectacular entonces fui al carro para sacar nuestras copas de vino y hacer todo como Dios manda, un momento espectacular en el valle de napa. Cual sería mi sorpresa al llegar al carro y ver la llanta del carrito casi en el piso, me dio entre angustia y terror, nuestro plan se estaba aguando. Conseguir quien nos arreglara la llanta en USA podía ser misión imposible, sacar la llanta de repuesto y el gato significaba desempacar el carro completo en la mitad de un parqueadero que se derretía con el sol.

Obviamente lo mas jarto le correspondía a Luis, yo sólo podía colaborarle pero hasta ahí, se me ocurrió que si nos íbamos de una alcanzaríamos a llegar al monta llantas, así que me devolví sin copas ni nada. Lo que sería un romántico picnic se aguaba cada vez más, no sabía como contarle esto a Luis que ya salía con las compras y el entusiasmo, la botellita de vino abierta helada y todo listo para sentarnos a pasar la tarde.

Le conté de una la magnifica noticia y en dos segundos  las compras quedaron empacadas en la bolsa, llegamos al carrito y la llanta no daba para más, así que nos figuró cambiarla en el lugar. Desbaratamos el carro todos felices entre el llanto y la peleadera de los niñas y cuando ya estábamos a punto de cambiar la llanta, nos acordamos del seguro que incluía hasta cambio de llanta.
Llamamos y a los 10 min llego una grúa, la más grande que mis ojos hayan visto, era como para arrastrar tracto mulas.

En menos de lo que canta un gallo y 140 dólares estábamos listos para seguir, si señores 140 dólares es lo que vale que le cambien a uno la llanta en este país ahhh!!!, ojalá el seguro si cubra y reembolse la platica a la tarjeta. De igual forma nunca hubiéramos podido cambiar la llanta nosotros solos, la llanta de repuesto tampoco tenía aire de no ser por el compresor de la grúa ahí estaríamos aún. Menos mal fue en éste lugar y no en la mitad de la nada.
Nuestro recorrido terminó en castillo medieval divino, un italiano retirado resolvió traer piedra por piedra y construir una replica perfecta para su viñedo. Entramos y las niñas se sentían como las princesas de los cuentos de hadas, fue una experiencia bien bonita y para nosotros un wine testing diferente.

Napa concluyó en este momento y en nuestro carrito nos fuimos con buenas imágenes de los viñedos, la casas y sin ni una botella de vino porque que en el súper mercado encontrábamos mejores vinos franceses o los mismos californianos más ricos y a mejor precio.

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