Tierra de Junipers

En la casa del río después de mucho decir adiós, de posponer por algunos minutos la arrancada llegó la hora de las lágrimas, las caras nostálgicas y nuestra rutina de irnos para un lugar nuevo continuó.

Roger, Eugene y los buenos momentos quedarían en nuestros corazones y recuerdos a partir de ese momento.
Salimos por la misma carretera que habíamos tomado para ir al río Mackenzie, bordeamos todo el río hasta llegar a su nacimiento, curiosamente el nacimiento es una gran represa la cual controla milimétricamente el caudal y en época de deshielo lograr manejar las inundaciones.

A pesar de que en el camino veíamos cantidades de personas pescando, la historia que nos contaron es realmente terrible. Los peces son criados y alimentados con concentrado porque perdieron la capacidad de movilizarse por las represas, de no ser por esto el Río Mackenzie no tendría el atractivo que cautiva a tantas personas, las águilas no tendrían comida, en fin sería un caos. No dejó de parecerme algo rarito el hecho de que los pescados sean cultivados.

El paisaje cambio de la nada y aunque dejamos atrás el río, paralelo a la carretera teníamos otro río este era de lava volcánica que en algún momento recorrió llameante gran parte del camino entre los pinos. Era un paisaje medio lunar, rocas volcánicas, puntas y grietas entre la lava seca. No pude evitar parar para mirar de cerca estas formaciones que hace muchos años debieron hacer correr a mas de uno.

Horas enteras de paisaje negro y verde hasta llegar a Three Sisters, un pueblo súper lindo. De pronto el paisaje se abrió, dejamos los pinos y las montañas se fueron. Ahora aparecían los valles despejados, también bastante relajantes y me dieron un sentimiento de volver a la luz. Junipers y junipers se esparcen por todas partes las plantas que compraría en un almacén esotérico en Los Ángeles para hacer una limpieza de malos espíritus acá estaban por doquier exorcizando por si solas el paisaje.

El camino era increíble, cada vez nos acercábamos mas a nuestro campamento y muy pronto aparecería la tienda a un lado de la carretera donde Roger nos dijo que nos podríamos comer el mejor helado de huckleberry de nuestras vidas.

Parte de éste viaje es probar y conocer cada cosa que trae cada lugar, hemos disfrutado las frutas de temporada, mermeladas, miel, vinos y toda suerte de berries silvestres, delicioso!!!

La casita en la mitad de la nada tenía la vista mas linda del sector, en realidad la heladería era un des varadero de escaladores donde no solo pueden calmar la sed y el calor sino también comprar algún implemento de escalada que hayan olvidado. El propietario parecía sacado de la película de los pitufos no por chiquito sino por terrorífico, se parecía a Gárgamel con tres pelos largos cuidadosamente amarrados en una cola de caballo y una gorrita bastante singular, desgarbado, flacuchento y rariiisimo, el antagónico de quien uno creería vendería los helados mas ricos del planeta.

Esta era la puerta a la vista semiárida de las descomunales rocas, tierra de serpientes cascabeles, águilas, reptiles, rocas, tierra roja y uno que otro ranchero millonario que se regocija cada día con la vista del único rio del sector y las paredes verticales de este lugar de poder.

Definitivamente el helado es lo máximo, frutal y dulce como el solo. Lo disfrutamos todos sentados en el piso de la casita viendo pasar y parar carros, no se cuantos helados venderá al día pero en el momento que estuvimos tres carros llenos de gente entraban directo a pedir uno por cristiano, lo mas extraño de todo es que no había aviso anunciando la venta sin embargo todo el mundo sabía que en la mitad del caluroso valle se encontraba este valioso manjar.

Seguimos en busca de nuestro campamento y decidimos quedarnos lo mas cerca posible a la roca para salir a caminar en la mañana siguiente, encontramos nuevamente un lugar bello, creo que siempre digo esto porque una vez salimos de California realmente somos dueños y señores de la gran mayoría de los espacios, es tan diferente todo y los espacios son tan amplios que prácticamente cabemos sin tener a nadie al lado.

Éste lugar no tenía agua sin embargo nuestros dromedarios (MSR) y nuestro carrito contaban con suficiente agua para pasar 2 noches cocinando y hasta con una buena ducha de árbol.
Ahora bañarnos en los campamentos se ha vuelto normal, no importa donde estemos quien pase, ahí estamos al lado de un árbol con la mejor ducha de campo que jamás hubiera tenido. La fórmula es muy sencilla, el mismo dromedario donde guardamos el agua de tomar, una manguera de MSR para convertir la boca de la membrana en ducha y un coordino para amarrarlo a un árbol.

Obviamente hay que dejar de lado la pena y encontrar la forma de quitarse la ropa generando el menor impacto je, je.
Descansamos escuchando búhos toda la noche, al bajar el calor del día entro por el cañón una ráfaga de viento fuerte que me asusto pero a la final termino por arrullarme.

Desayunamos y arrancamos para nuestra caminata, Luis había escogido la ruta que sería la caminata mas fuerte que hubiéramos hecho con las niñas hasta el momento, obviamente nunca nos lo comunico. Armamos lo que comeríamos en el día, empacamos agua, frutas y un morral porta bebes Deuter que nos mandaron a regalar para nuestro viaje (esto nos salvaría en caso de que Mía no quisiera caminar mas).

Cómo siempre la entrada a las rocas fue ordenada, todo está delimitado y tiene un camino para no salir del sendero, mapa y de más. Los escaladores tienen acceso a las rutas fácilmente, los caminantes también, esto me recordó mucho a Suesca Cundinamarca. Realmente este sería el idílico de manejo de un parque de escalada en Colombia.

La caminata empezó perfecta, las niñas estaban súper animadas y el paisaje hacía todo más fácil. Bordeamos el río escuchando y viendo manadas de gansos silvestres subiendo y bajando a sus anchas por la corriente, águilas volando entre los cañones de las rocas parecían espiar a los escaladores que como puntos chiquitos asomaban en las rocas.

El calor del medio día empezó a surgir efecto en nuestro cuerpo, las niñas pedían agua mas seguido y ya la incomodidad del clima las molestó un poco, demasiado temprano para lo que nos esperaba. Hicimos una parada en la única sombra del camino, debajo de un Juniper al lado del río y almorzamos. Realmente no era tanto el hambre que teníamos sino las ganas de salirnos un poco de la luz del sol que calentaba si piedad.

Creo que fue el almuerzo mas lento que hemos tenido, aunque ninguno dijo nada este reposo es el típico que lo deja a uno sin ganas de seguir caminando, algo que uno aprende en la montaña es que cuando se esta muy cansado y uno para, se quita morral y equipo, la embarro!! Literalmente le sale a uno raíz y la arrancada es mas menos un karma.

 

Con las niñas la parada es inevitable y la concentrada imposible, cada vez que uno encuentra el ritmo y se concentra en cada paso para vencer el cansancio, sale una vocecita que dice “estoy cansada”, “ya casi llegamos” o “¿me cargas?”. Entonces ahí es donde uno dice “Dios mío quien me mando a meterme aquí”, ya no es solo lidiar con el cansancio de uno y de ellas, sino también echárselas al hombro para lograr salir de la mitad de la nada. Aquí me di cuenta que nunca medí los kilómetros de regreso y que lo que hacía falta para volver era la loma mas empinada que mis piernitas caminaran en mucho tiempo, esta vez con mi hija al hombro.

Lolita por ser la hermana mayor tiene que sacar valentía de donde no la tiene a los 7 años, pero cargar a dos ya es imposible, así que se armo de valor y renegó un buen rato de lo de malas que era ella y no entendía porqué no la podíamos cargar. Cuando

estas cosas pasan uno realmente pierde la serenidad y las ganas de explicar algo que es realmente evidente, cómo no pueden entender que la mamá o el papá son seres humanos que se cansan igual que ellas? Nunca entienden porqué ya no queremos jugar o porqué queremos un rato de silencio.

La palabra silencio ha comenzado a tener un significado importante en nuestro viaje. A nosotros nos fascina el sonido del viento, los animales y pasar rato sin hablar, sin embargo es algo que cuesta mucho trabajo. El canto, los chillidos, las conversaciones no paran un segundo en nuestro reducido espacio familiar y aunque tratamos de inducir a nuestras hijas y enseñarles a pensar en la mente, creo que nos tomará años enteros lograrlo.

Parte del agotamiento nuestro en general al final del día o los momentos que hemos perdido la paz- ciencia son en los momentos donde ha habido más ruido, personalmente no tengo mucha resistencia al llanto, ni a los gritos general algo raro dentro de mi, mas de lo normal.

Luis en cambio ha desarrollado una nueva forma de meditación, algo que no creo sea placentero sin embargo lo lleva a un estado de desconexión obligada que lo ayuda a superar el momento de crisis de una forma mas relajada ¡al menos eso parece!.
Esta vez me toco a mi obligatoriamente encontrar el estado ZEN en la mitad de las quejas de Lolita, la subida vertical interminable y la mamá debutando con el nuevo morral cargado a tope. Que caminata tan dura, no volví a hablar, Luis se convirtió en psicólogo de montaña para poder llevar a Loli hasta la cumbre y yo me hacía auto inyección de verraquera para no sacar la mano y entregarle mi paquete a Luis, realmente camine a punta de orgullo de ver como la gente que cruzaba nuestro camino, ya verdes de cansancio emitían todo tipo de sonidos al verme Uhh, mmm, good. Prácticamente convertida en súper héroe, la mamá fortachona que subía con su hija cargada. En esos momentos me entraba una inyección de fuerza para continuar, lo que nadie sabe es que realmente las mamás sacamos fuerza de donde no tenemos pero siempre logramos cargar a los hijos.

Creo que siempre me han pesado igual desde el día que nacieron hasta hoy, pero del interior siempre sale una fuerza gradual que crece en la medida que ellos crecen.

Después de varias horas de caminar y tener una de las mejores panorámicas de Smith Rocks y los volcanes de los alrededores, llegamos a la parte mas alta o cumbre, Lolita logró su reto y parada en la piedra más alta dejo salir todas las lagrimas de sus ojitos, un momento muy conmovedor, en ese momento entendió que los alegatos y la flojera no eran realmente la actitud para el momento que esta viviendo, había logrado la primera cumbre sufrida de su vida y las lagrimas no eran de queja, eran de orgullo y verraquera. Realmente emocionante.

De acá en adelante el sol quedó detrás de la montaña y la caminata comenzó a ser un poco mas descansada sin tanto calor, claro que lo que habíamos subido había que bajarlo por unos filos y barrancos muy peligrosos. Nuevamente tenía que encargarme de mi y de mi carga (Mía) para no rodar por un desfiladero y terminar ahí nuestra historia.

El tema de ser mamá es todo un rollo de responsabilidad que no he superado, el relajarse y permitir que los hijos caminen solos tomando decisiones es bastante complicado, yo necesito mucha ayuda de Luis para lograr dejarlas fluir en el entorno, los peligros me aterran y créanme que si pudiera caminar por ellas lo haría. En este momento del camino me tocó dejar de lado a Lolita y caminar lo mejor posible sin tropezar para salir bien con Mia, Luis era el encargado de Lolita y aunque nunca la cargo la ayudo a entender como caminar para poder dar pasos firmes e inteligentes.

Para mi gusto muy suelta y con mucho margen de poder cometer un error, para él la forma de enseñar a caminar en la vida. Totalmente valido y enriquecedor, para Loli creo que fue un logro en su vida y una cuota de seguridad en ella que le aportó cantidades para lo que enfrentará de acá en adelante.

Que experiencia tan linda haber terminado nuestro camino a salvo, con la cabeza llena de imágenes y momentos que aún hoy recordamos como si hubieran sido ayer.

Llenos de energía vital, de felicidad salimos de la montaña y sentí que quería brincar de la dicha, yo también había logrado salir de lo que me había exigido y otra vez estaba sintiendo lo que siempre sentí cuando caminaba en la montaña, una satisfacción de haber logrado la meta que me propuse y que pese al cansancio y los momentos complejos que se viven en el transcurso, al final cuando se ve desde el otro lado uno entiende el verdadero valor del esfuerzo y ahí es cuando una vos interna florece y nos reta para una nueva aventura.

Esta vez en familia con el sentimiento compartido y con la complejidad de mis hijas y mi esposo en el cansancio y el triunfo, que buena escena de esta película. Nos fuimos a celebrar comiendo chorizos de venado en nuestro campamento, íbamos a botar el carro por la ventana (claramente no la casa) y a celebrar como Dios manda, no sin antes comer un heladito de huckleberry para despedir el lugar. Acá encontramos unas personas que me recordaron, pensé que las conocía de algún lugar pero en realidad nos vimos en la montaña y me recordaban por la saña impresionante de haber subido con mi hija cargada. Ahora era mas que una mamá, acá gane el título de mamá fortachona y caminante. Para mi un excelente título y logro de fortaleza que no debo olvidar.

Noche de fiesta y luna llena, asado y nuevamente recordamos a nuestro amigo Roger comiendo los chorizos del venado que cazo en la temporada, un regalo muy especial que atesoraba e el sótano de su casa. Le hicimos honor por tan buen concejo de lugar que nos dio. Que buena comida al lado de la luna y el fuego. Otra noche que nunca olvidaremos acompañados por la magia de los junipers que limpiaron el lugar para uno de los momentos mas enriquecedores que tuvimos.

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